- Educación Ética y Antropología
José Luis Ramos R.
- Estructuras de planta circular
prehispánicas en El Salvador
Carmen Margarita Morán
Luisa Massiel Ramos
- Propuesta de Lege Ferenda al tipo penal
de trata de personas artículo 367-b
del Código Penal Salvadoreño
Hazel Jasmín Bolaños Vásquez
- Vigésimo primer aniversario de la firma
de los Acuerdos de Paz de El Salvador:
Medidas pendientes en materia de
superación de la impunidad
Liver Román López Serrano
- El pacto fiscal, único camino para salir
de la crisis financiera del gobierno
Mauricio Aguiluz
- Análisis sobre el potencial y las
oportunidades de comercio, inversión
y de asociaciones estratégicas entre
Centroamérica, la República Dominicana
y la Comunidad de países del Caribe
(CARICOM)
José Roberto García Prieto Lemus
www.utec.edu.sv ISSN: 2218-3345
NÚMERO 52 ABRIL 2013
Universidad Tecnológica de El Salvador
Calle Arce No. 1020, San Salvador www.utec.edu.sv
5
Editorial
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Educación Ética y Antropología
José Luis Ramos R.
10
Estructuras de planta circular prehispánicas en El Salvador
Carmen Margarita Morán
Luisa Massiel Ramos
24
Propuesta de Lege Ferenda al tipo penal de trata
de personas artículo 367-b del código penal salvadoreño
Hazel Jasmín Bolaños Vásquez
35
Vigésimo primer aniversario de la firma de los Acuerdos
de Paz de El Salvador: Medidas pendientes en materia
de superación de la impunidad
Liver Román López Serrano
40
El pacto fiscal, único camino para salir
de la crisis financiera del gobierno
Mauricio Aguiluz
43
Análisis sobre el potencial y las oportunidades de comercio,
inversión y de asociaciones estratégicas entre Centroamérica,
la República Dominicana y la Comunidad de países del Caribe
(CARICOM)
José Roberto García Prieto Lemus
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REVISTA DE LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE EL SALVADOR - NÚMERO 52 - ABRIL 2013
entorno
entorno
5
EDITORIAL
La revista Entorno de la Universidad Tecnológica de El Salvador, es un
medio académico para la divulgación del conocimiento, tiene un enfo-
que multidisciplinario y aglutina artículos de investigación, reflexiones
a partir de postulados teóricos, enfoques dogmáticos e históricos de
temáticas vinculadas a la realidad social, cultural, antropológica, jurí-
dica y educativa, entre otros.
Entorno busca apoyar el compromiso del investigador, docente y de
todo aquel profesional consciente de su compromiso con la socie-
dad en la cual se desenvuelve, con la educación de las nuevas gene-
raciones; en cuanto a transmitir las ideas emanadas de un proceso
puro o aplicado de investigación; o en todo caso de las vivencias que
como educador adquiere en los procesos de enseñanza aprendiza-
je. Procesos que simultáneamente han fortalecido la experiencia del
docente en un círculo virtuoso, vinculado a la investigación y con el
quehacer económico, social, político, cultural y ambiental del país.
Entorno se constituye en un medio idóneo para trasmitir conocimien-
to y experiencias, pues escribir artículos para el sector académico es
un deber y además una práctica que permite replantear propuestas
desde sus bases epistémicas, una actualización académica que afron-
ta el ejercicio profesional de los futuros graduados en una sociedad
cada vez más exigente.
En este contexto se busca por medio de publicaciones, propiciar la
interpretación que integre una lectura interdisciplinaria, que cultive
pensamiento prepositivo y un compromiso social que se derive del
contacto con las nuevas necesidades de la población académica y la
sociedad en general.
6
Revista Entorno, Universidad Tecnológica de El Salvador, www.utec.edu.sv, Abril 2013, número 52: 6-9, ISSN: 2218-3345
Educación Ética y Antropología
José Luis Ramos R.
xozeluizr@yahoo.com
Escuela Nacional de Antropología e Historia (México)
Ética y Antropología
Mientras la Filosofía insiste en plantear preguntas relativas
al ser humano como entidad abstracta; en cambio, la óptica
antropológica obliga a emplear las categorías de tiempo y
espacio para referirse al hombre, que tiene una ubicación
social determinada y que cuenta con una historia personal
al igual que la sociedad a la que pertenece.
De esta forma, las cuestiones trascendentales que persigue
el filósofo, las atiende el antropólogo en sus expresiones so-
ciales e históricas. Por lo tanto, para enfrentar la tarea de
una posible y particular educación ética es necesario reco-
nocer las condiciones sociales e históricas en donde está
ubicada la relación pedagógica que establecen el maestro
y sus discípulos.
Dos características sobresalen en el contexto actual con el
cambio de milenio: a) una alta complejidad en las estruc-
turas sociales y b) fuertes contradicciones entre las partes
que las componen. Hay una variedad amplia de colectivi-
dades sociales de diversa índole y ubicadas en diferentes
niveles; lo que genera un contraste y conflicto de intereses:
nacionales, de clase, étnicos, de género, etc.
Resumen
En el presente artículo me interesa compartir algunas
reflexiones en torno a una posible educación ética des-
de una perspectiva antropológica. Tratando de ofrecer
una respuesta tentativa a la interrogante que me formu-
laron en la Universidad de Nitra (en Eslovaquia) sobre
qué pensaba acerca de la formación ética de los estu-
diantes.
Son cuatro los aspectos que voy a tratar: 1) contemplar
el contexto social e histórico en que son promovidos de-
terminados valores éticos, 2) reconocer la complejidad
que muestran las identidades sociales de las personas,
3) apreciar como la educación ética está pautada por
las condiciones mencionadas y 4) apuntar algunos pro-
blemas lógicos e históricos que forman parte de esta
cuestión.
Palabras clave
Ética, Antropología, educación ética, contexto social e
histórico.
Abstract
In this article I am interested in sharing some reflections
on a possible ethical education from an anthropologi-
cal perspective; trying to provide a tentative response
to the questions that were made to me at the University
of Nitra (in Slovakia), about my thoughts on the ethical
training of the students.
There are four aspects that I’m going to attend: 1) Consi-
der the social and historical context in which are promo-
ted certain ethical values, 2) Recognize the complexity
that the social identities of persons shows, 3) Assess
how ethical education is scheduled by the conditions
outlined above and 4) Note down some logic and histo-
rical problems that are part of this issue.
Key Words
Ethics, Anthropology, ethics education, social and histo-
rical context.
7
Educación Ética y Antropología
Así, los valores éticos que profesan los individuos de un gru-
po serán no sólo diferentes sino hasta contrarios a los de
otro grupo. Lo que para uno es lo correcto, para el otro no
lo es. Este es un problema que trata de ser atendido con las
opciones de la llamada educación intercultural.
Identidad social de las personas
Una condición social e histórica particular que enmarca la
relación pedagógica, corresponde a la identidad social los
dos actores sociopedagógicos que entran en juego. El acto
educativo coloca a un determinado sujeto A que inicia un
proceso comunicativo de transmisión cultural con otro suje-
to B, o más específicamente de la comunicación de ciertos
valores éticos.
Al igual que el sistema social, las identidades sociales con-
temporáneas muestran un carácter complejo y contradic-
torio entre sus partes, lo que permite entender la dificultad
actual que representa para los actores pedagógicos saber
con quienes están interactuando.
Un profesor además de su identidad profesional, cuenta con
otras dimensiones identitarias que van a configurar su siste-
ma total identitario; lo mismo acontece con el/la alumno/a,
no sólo se asume como estudiante, también lo hará aplican-
do otras referencias (identitarias).
Las dimensiones que mayormente apelan los sujetos para
reconocerse son las de clase, étnicas o nacionales y de gé-
nero. Pero, en una relación pedagógica están continuamen-
te fluyendo las de carácter generacional, familiar y religiosa.
Por lo tanto, sólo puede comprenderse -de manera más ní-
tida-, el flujo de valores éticos entre maestro y aprendiz, si
reconocemos sus personalidades sociales e históricas que
mantienen. Por ello, el acto y los resultados pedagógicos
van a ser diferentes en una u otra situación; como por ejem-
plo, va a variar la experiencia educativa cuando tenemos a
un profesor/adulto mayor/blanco/ateo en un salón de cla-
ses con una alumna/ adolescente/negra/musulmán, que
cuando la docente es una profesora/joven/asiática/budista,
comunicándose con un estudiante niño/ moreno/católico.
Combinaciones que serán más o menos frecuentes en la
mayoría de las instituciones escolares; pero, lo que importa
es que esto nos da una idea de la complejidad social que
entra en juego en un simple acto pedagógico.
Educación familiar y religión
Si bien la interrogante estaba apuntando hacia una posible
educación ética escolar, es inadecuado excluir u olvidar la
influencia o sello marcado por la familia y la religión en los
sujetos, de la confluencia en los valores que promueven.
Sin embargo, en este renglón también existen diferencias,
sea el caso de la primacía que una religión hace sobre un
aspecto por encima de otro. Tomemos como ejemplo al cris-
tianismo. Si bien existen diversas ramificaciones (la católica,
ortodoxa, protestante, etc.) y un número amplio de iglesias
(mormones, evangelistas, anglicanos, etc.), un marcador
central (entre varios) está presente por su inclinación hacia
una de las dos referencias éticas: 1) el amor hacia el prójimo
y 2) la evitación del pecado.
Así, una determinada iglesia –que también tiene un carácter
histórico- va a promover más un rubro en detrimento del
otro, dando lugar a una conducta social particular o una in-
tegración de ciertos valores específicos. Por ejemplo, habrá
sacerdotes que alienten el amor al prójimo, promoviendo
con ello la caridad y solidaridad humanas. En cambio, habrá
otros representantes de Dios que orientarán sus esfuerzos
para identificar pecadores que deban expiar sus culpas.
De esta forma, un profesor educado en un ambiente fami-
liar/religioso con la primera orientación cristiana, segura-
mente le parecerán más pertinentes aquellos valores éticos
que puedan complementarse con la tríada amor-caridad-
solidaridad; opción o condición que signará el acto pedagó-
gico con sus estudiantes. En cambio, otro será el caso del
profesor que opte por sancionar el pecado, es probable que
se incline más por la disciplina, el orden y la limpieza en sus
alumnos/as.
Educación escolar
Para el caso de los valores que quieran promoverse en la
escuela, también variarán conforme el momento histórico
y tipo de institución educativa; no serán los mismos valores
para una escuela de hace tres décadas que en una actual;
tampoco si es una institución pública o un colegio particu-
lar. En determinados periodos históricos se privilegiaban el
amor a la patria o bien la obediencia civil (civismo), en otros
tendrán más importancia: la honestidad, el respeto y la to-
lerancia. Siempre procurando frenar el resquebrajamiento
social y político en que viven las naciones o con problemas
y conflictos bélicos, racistas y de xenofobia.
Por ello, de las posibles combinaciones que elabore un profe-
sor surgirán las pautas valorativas que enseñe a sus alumnos.
8
Educación Ética y Antropología
Educación ética
Quizás habrán notado que el concepto que empleo de edu-
cación rebasa la idea restringida de la educación como algo
exclusivamente escolar. Por ello, para que no haya duda, pro-
pongo entender a la educación como un proceso de produc-
ción y reproducción cultural a partir del acto de transmisión
cultural; es decir, las generaciones adultas van a ofrecer un
conjunto de ideas, normas y valores a las nuevas generacio-
nes con la intención de reproducir la cultura propia del grupo
(familia, clase, nación, etc.), quedando la tarea a éstas, en tan-
to sujetos activos, inventar nuevas ideas, normas y valores.
Atender a la conjunción de los tres aspectos, hasta ahora
señalados (contexto, identidad y proceso educativo), permi-
tirá comprender la dificultad que representa pensar y pla-
near una posible educación ética; pero, si se evita esta com-
plejidad, seguramente sólo hablaremos de una enseñanza
de la historia de la ética, pero no de una educación ética,
explícita. Es decir, la educación ética implícita existe, las
nuevas generaciones están siendo educadas en su cultura
(dentro de su hogar, con sus amigos, etc.), aunque los valo-
res, normas e ideas que estén adoptando sean opuestos a
los incluidos en los programas y discursos escolares.
Para aclarar esta idea propongo dividir los valores en 2 tipos:
a) profesados y b) practicados. En el primer caso, son los
valores que una persona dice tener pero que en realidad
no orientan su conducta social; por ejemplo, un padre de
familia manifiesta abiertamente que él valora la honestidad;
sin embargo, continuamente realiza actos deshonestos con
y hacia a su esposa e hijos. Para el segundo tipo, uno debe
observar el comportamiento de las personas para descubrir
los valores que las orientan (y que no pueden referir explíci-
tamente); siguiendo con el ejemplo anterior, el valor práctico
de este hombre es el deshonor.
Con la caracterización de estos valores, podemos apreciar
las implicaciones educativas que guarda una situación es-
colar, donde los valores que promueve un profesor son in-
congruentes con su conducta profesional y personal. Los
alumnos pueden muy bien atender a los valores prácticos
que está transmitiendo a través de sus acciones; se impone
la educación implícita por encima de la explícita. Situación
que se repetirá en otras experiencias educativas no formales.
Problemas lógicos e históricos
En los apartados anteriores he acotado las contrariedades
sociales y valorativas que se presentan en el momento de
tratar de iniciar un proceso educativo. Ahora deseo com-
plicar aún más el panorama al referirme a la contradicción
lógica que presentan algunos valores positivos, como al mo-
mento histórico que viven las personas y los colectivos.
Cuando entré en contacto con profesores/as de la Universi-
dad de Nitra me formularon tres cuestiones: a) una posible
educación ética, b) la libertad en la autorrealización perso-
nal del hombre y c) la libertad de creencias.
Prácticamente la primera la he venido tratando a lo largo
del presente ensayo. En cuanto a los otros dos puntos, des-
taca el valor de la libertad. Valor positivo que se encuentra
en contradicción con otro valor positivo: la justicia. Si pro-
movemos la libertad será en detrimento de la justicia; caso
contrario, la primacía de la justicia restringirá a la libertad.
Los momentos de equilibrio entre estos dos valores siempre
son efímeros.
A mis colegas y ciudadanos de esta nación les preocupa el
valor de la libertad y me atrevo a pensar que es por el mo-
mento histórico que están viviendo, tienen la tarea de tomar
decisiones sobre el rumbo que quieren seguir como nación
independiente. En su pasado inmediato conocieron una vida
signada por la búsqueda de la justicia social a expensas de
la libertad individual, ahora pretenden un nuevo derrotero
apoyados en la libertad.
Caso contrario para México, país con una historia llena de
desventuras, cicatrizado por las desigualdades sociales, y
agobiado por la injusticia. La libertad es precedida por la
justicia, sobre todo de justicia social. Además, las diferen-
cias culturales de la población mexicana se han traducido
en desigualdades sociales por más de dos siglos de vida
independiente. Por ello, en 1994 surgió un movimiento in-
surgente que se convirtió, parcialmente, en la voz de varios
indígenas del país, adoptando como bandera dos valores di-
ferentes al de libertad: el respeto y la dignidad.
Educadores y sociedad
A partir de estas reflexiones, aprecio la gran tarea que les
espera a los educadores: enseñar la historia de la ética,-
losofar acerca de la ética y entender sociohistóricamente
las prácticas educativas que viven los sujetos pedagógicos.
La primera referencia atiende a la retrospectiva histórica
que se hace sobre los valores, tratando de discernir o pro-
mover diversos filósofos, el profesor informa a sus alumnos
de esta historia, actividad necesaria e importante pero no
suficiente.
Un profesor de Filosofía (Leepman) en EUA se quejaba que
sus alumnos sólo aprendían los nombres e ideas de los gran-
des filósofos, pero que no filosofaban; consideraba que sus
9
Educación Ética y Antropología
estudiantes sólo se informaban de la Historia de la Filosofía,
cuando lo necesario es que filosofaran; así como un científi-
co hace ciencia ellos tenían que filosofar. Esta preocupación
la retomo para convenir en que un educador debe filosofar
sobre ética para reconocer las dificultades y embrollos que
debe enfrentar al momento de intentar educar éticamente
a sus alumnos sobre los valores éticos.
Y, por si no fuera suficiente, también deberá tener presente
que tanto él como sus alumnos son personas que se en-
cuentran en una determinada posición social, producto de
su historia personal y de su sociedad; que son sujetos con
una identidad compuesta por diversas y contradictorias per-
tenencias colectivas.
El futuro de una sociedad seguramente pasa por las situa-
ciones pedagógicas que promueven sus educadores, el gra-
do de apoyo que reciban para esta gran labor será sinónimo
de la utopía que se imagina; la sociedad que sea avara en
su atención, seguramente lo va a lamentar por el resto de
sus días.
Cuicuilco, México, 2013.
APPIAH, Kuame Anthony
La ética de la identidad. Buenos Aires, Katz editores, 2007.
DÍAZ DE RADA, Ángel
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
10
Revista Entorno, Universidad Tecnológica de El Salvador, www.utec.edu.sv, Abril 2013, número 52: 10-23, ISSN: 2218-3345
Estructuras de planta circular
prehisnicas en El Salvador
*
Arqueóloga Carmen Margarita Morán
Universidad Tecnológica de El Salvador (UTEC)
margara.moran@gmail.com
Arqueóloga Luisa Massiel Ramos
Universidad Tecnológica de El Salvador (UTEC)
massi_ramos@hotmail.com
Introducción
En el ámbito arqueológico se tiene la idea generalizada de
que las estructuras circulares mesoamericanas son indiscu-
tibles marcadores del período postclásico (900-1525 d.C.),
casi siempre relacionadas a la filiación tolteca o mexicana
y a la veneración de Quetzalcoatl (Navarrete, 1976; Smith,
1955), cuando en realidad estas estructuras existen desde
el período preclásico (2000 a.C. a 250 d.C.), lo que significa
que, no necesariamente se adscriben a un grupo cultural
específico ni a un único período.
Si bien es cierto que la mayoría de estas estructuras, en el
área mesoamericana, está relacionada con el aspecto cere-
monial (Pollock, 1936), no podemos aseverar que todas ellas
responden al culto de Quetzalcoatl, una deidad mesoameri-
cana cuya veneración se generaliza para finales del período
clásico (250 d. C. hasta el 900 d. C.) (Sodi & Aceves, 2002;
Piña Chan & Dahlgren, 1987).
Partiendo de estos planteamientos surge la interrogante si,
¿Las estructuras de planta circular registradas en el territo-
rio salvadoreño para la época prehispánica pertenecen al
Resumen
Algunos estudiosos de la cultura mesoamericana se re-
fieren a las estructuras circulares y/o de planta circular
de dicha región como anómalas, vinculándolas erró-
neamente al uso ceremonial relacionado con la deidad
Quetzalcoatl; otra equivocación que usualmente se co-
mete, es manifestar que este tipo de estructuras, casi
inalterablemente, va a obedecer a la filiación tolteca o
mexicana; asimismo son consideradas como indiscuti-
bles marcadoras del período posclásico (900-1525 d.C.).
Ahora bien, partiendo de lo anterior, se realizó una in-
vestigación bibliográfica-documental que permitió reco-
lectar la mayor cantidad de datos posibles acerca de las
estructuras de planta circular prehispánicas que hasta
la fecha se han registrado en territorio salvadoreño, in-
formación con las cual se logró desmitificar las afirma-
ciones expuestas.
Palabras clave
Arquitectura mesoamericana, estructura circular, planta
circular, El Salvador.
Abstract
Some researchers of the Mesoamerican culture refer
to round structures and/or platforms of this region as
anomalous, erroneously associating it to ceremonial use
related to the deity Quetzalcoatl. Another usual mistake
is to manifest that this type of structure, almost unalte-
rably, obeys Toltec or Mexican affiliation; they are also
considered indisputable as a Post-classic (900-1525 D.C.)
marker. Now, based on the above, we conducted a litera-
ture-documentary investigation that allowed collecting
data about pre-Hispanic round structures registered in
Salvadoran territory up to date, information with which
we were able to demystify the presented statements.
Keywords
Mesoamerican architecture, round structure, round plat-
form, El Salvador.
* Artículo original publicado en la Revista Digital Cátedra Abierta ISSN 2227-3417, 2013. Trabajo de graduación en la carrera de Licenciatura en Arqueología, Utec.
11
Estructuras de planta circular prehispánicas en El Salvador
período postclásico, son de filiación tolteca, y de uso cere-
monial para veneración de Quetzalcoatl?
Para lograr responder a esta interrogante es necesario ob-
servar el registro y comportamiento de las estructuras de
planta circular prehispánicas que se encuentran en territo-
rio salvadoreño, tomando en cuenta para tal estudio: el sig-
nificado del espacio, la arquitectura y el simbolismo, entre
otros aspectos, que tuvieron este tipo de construcciones
para los grupos culturales mesoamericanos.
Planteamientos teóricos
La Cultura
Todos los grupos humanos, sin importar el lugar en el que se
encuentren o el tiempo en el que se desarrollen, se encon-
trarán inmersos dentro de una cultura. Geertz nos dice que
la cultura “denota un esquema históricamente transmitido
de significaciones representadas en símbolos, un sistema
de concepciones heredadas y expresadas en formas sim-
bólicas por medios con los cuales los hombres comunican,
perpetúan y desarrollan su conocimiento y sus actitudes
frente a la vida” (Geertz, 2003, P.88).
De manera que la sociedad es un conglomerado humano
organizado cuyos procesos de aprendizaje no son más que
ejercitaciones simbólicas.
La comunicación humana es configuradora de procesos
culturales y de producción simbólica, comunicación que se
realiza a través de acciones expresivas que funcionan como
señales, signos y símbolos (Vallverdú, 2008). Estos conglo-
merados humanos creadores de cultura, dejan evidencia de
su existencia a través de diferentes expresiones materiales
y objetos con los cuales y mediante los cuales se relacionan
(Bate, 1998; Mangino, 1990), ejemplo de ello es la cerámica,
pinturas, esculturas, arquitectura entre otros.
El Espacio
Básicamente, el espacio es la relación entre la posición de
los cuerpos. Nuestra comprensión del espacio viene dada
por cada uno de los sentidos con que registramos la posi-
ción de dichos cuerpos. La experiencia espacial no es privi-
legio del arquitecto, es una función biológica de todos, es
una experiencia humana como otras, es un medio de expre-
sión como otros (Pere, Montaner, & Oliveras, 1999).
El significado del espacio, a menudo, se confunde con el de
lugar, el espacio es más abstracto que el lugar, lo que en un
principio es solamente un espacio, indiferentemente, se va
convirtiendo en lugar en la medida que se llega a conocer
mejor, esto significa que se le comienza a dotar de valor
(Tuan, 2003). Cada grupo cultural en diferente período tiene
su propia concepción del espacio, Muntañola (2001) mencio-
na que en la actualidad el espacio tiene un significado muy
individual a diferencia de la percepción del espacio en la
antigüedad, en donde poseía un significado social. La repre-
sentación arquitectónica era más complicada que la propia
construcción de edificios, en ésta se encontraba implícita
mucha más intencionalidad, de hecho, la organización social
se encontraba reforzada por el espacio. El ser humano cons-
truía un espacio-tiempo que reflejaba las relaciones sociales
de tal manera que, cuando cambiaba la sociedad, cambiaba
también el espacio físico (Muntañola, 2001).
La Arquitectura
De acuerdo a Esteban, Borrás y Álvaro (1996), la arquitec-
tura es una actividad ligada a la cultura y a la organización
social, por lo que a través del tiempo la percepción de la
misma ha venido cambiando de acuerdo al contexto del que
lo percibe, es por ello que no podemos dar un solo y único
concepto de arquitectura.
Muñoz (2007) nos dice que allí donde está el ser humano
existe arquitectura ya que ésta no es más que la forma en
la que las personas intervienen sobre la naturaleza para ha-
cerla más habitable. Esta tendencia de humanización del
entorno es inherente al ser humano, pero la forma en la que
se materializa y los resultados que se obtienen han variado
mucho a lo largo de la historia debido a que son manifesta-
ciones culturales.
Al analizar las formas arquitectónicas de cualquier cultura,
debe considerarse las circunstancias históricas en las que
fueron creadas, así como el medio en que se produjeron,
ya que estos elementos permitirán comprender los diver-
sos estilos o expresiones y sus orígenes. He ahí la impor-
tancia del estudio de la arquitectura desde una perspectiva
sociocultural, pues ella entraña valores testimoniales de los
momentos que circunscribieron su concepción, por lo tanto,
encierra el conocimiento del ser humano, de los procesos
sociales y de su entorno en una época determinada (Álva-
rez, 2006; Mangino, 1990).
Según Álvarez (2006), gracias al estudio de la arquitectura
como un conjunto de valores y símbolos culturales, la per-
cepción de la misma se hace más amplia pues deja de es-
tar apegada únicamente a contemplaciones estéticas y/o
funcionales. Recordemos que una sociedad “se manifiesta
en los objetos que fabrica, en el arte que produce, en el
12
Estructuras de planta circular prehispánicas en El Salvador
pensamiento que comunica, pero también, se expresa en
sus ciudades y edificios. En ellos podemos leer los intereses,
los sueños y los anhelos de una civilización” (Muñoz, 2007,
p.14) por lo tanto, se debe procurar percibir y entender las
sensaciones arquitectónicas, pues cuando un edificio no lo-
gra comunicar ninguna de ellas, deja de ser arquitectura y
se convierte en una simple construcción (Bassegoda, 1984).
La comunicación no verbal del ambiente construido
La comunicación no verbal es, en sentido general, la comu-
nicación efectuada por medios distintos de las palabras (Ra-
popport, 1990). Éste tipo de comunicación representa ideo-
logías materializadas en forma de ceremonias, objetos sim-
bólicos, monumentos y sistemas escritos. Esta transforma-
ción hace posible extender una ideología más allá del grupo
local y comunica el poder de una autoridad central a una
población más amplia (DeMarrais, Castillo & Earle, 1996).
Sanders (1990), afirma que un edificio es una unidad de sig-
nificado cultural antes de ser un objeto de función práctica,
de manera que, la función de una estructura tiene dos con-
ceptos básicos y diferentes: primario (meramente funcio-
nal); y secundario (de connotación conceptual), esto es a lo
que DeMarrais et al (1996), se refieren cuando sugieren que
el concepto de materialización de la ideología está estre-
chamente relacionado con la comunicación arquitectónica,
es decir, el entorno construido se puede ver como un siste-
ma para codificar información.
El proceso de codificación se realiza por medio de inducto-
res de la conducta que son plasmados a través de caracte-
rísticas físicas en el ambiente construido, estos elementos
físicos pueden ser: tamaño, altura, color, materiales y de-
coración, una combinación particular de elementos se se-
lecciona y se filtra a través de normas de visualización, en
otras palabras, el ambiente construido puede ser un medio
de enseñanza que, una vez aprendido, se convierte en un
recurso mnemotécnico, es decir, sirve como recordatorio.
El entorno construido sirve, pues, como un medio perenne
de transmisión de significados que influyen en el comporta-
miento de las personas, en los procesos de reproducción,
de interacción y de transformación social, ya que a través
de éste se crean y difunden ideologías que promueven inte-
reses (Rapoport, 1990).
Las señales pueden consistir de cualquier clase de dife-
renciación y contraste que marquen los edificios de mane-
ra distintiva, lo que significa que, cuando estos elementos
constructivos son únicos o diferentes transmiten un men-
saje más claro, no dejan lugar a dudas de su significado.
Por ejemplo, en un lugar donde los edificios son de color,
el elemento distintivo puede ser la ausencia del mismo; la
diferencia también puede radicar en el tamaño, la forma,
la decoración (o su ausencia), el grado de la modernidad o
el grado de antigüedad, entre muchas otras señales. Este
contraste, dentro de la comunicación no verbal, es de gran
importancia debido a que los símbolos deben ser presenta-
dos en conjunto para lograr transmitir un significado, ya que
estos elementos al contrastarse con otros logran transmitir
información, objetivo que no se logra si estos se encuentran
solos, es decir, si estas diferencias no son notables el signi-
ficado es más difícil de leer (Leach, 1976; Rapoport, 1990).
Simbolismo
La palabra “símbolo” proviene del latín symbolum, que signi-
fica imagen o figura, que materialmente representa un con-
cepto moral o intelectual (Vallverdú, 2008).
De acuerdo a Barba (2009), el ser humano en su necesidad
de explicar los fenómenos que observa en la naturaleza, ha
creado infinidad de símbolos que tienen formas y conteni-
dos específicos, por lo tanto, el significado de los mismos
está directamente relacionado con la psiquis de las socie-
dades que los crearon, es decir, que los símbolos son parte
del ser humano y es imposible no hallarlos en cualquier si-
tuación existencial y en la psique del mismo, estos símbolos
se transforman con el paso del tiempo y se adaptan a la
realidad de los grupos sociales que los utilizan (Terán, 1982;
Vallverdú, 2008).
Mediante los símbolos (materiales y visibles) el ser huma-
no ha intentado siempre representar sus ideas (invisibles)
y comunicarlas más allá de las limitaciones del lenguaje.
Un símbolo puede ocultar y mostrar aquello que queremos
expresar, un mismo símbolo tendrá un significado y una in-
fluencia diferente en diversas culturas puesto que es una
construcción cultural resultado de la significación humana,
un símbolo no necesariamente tiene un significado univer-
salmente reconocible y no siempre se da una conexión ob-
via, natural o necesaria entre el símbolo y lo que simboliza,
pueden tener muchos niveles y significados, son cambiantes
y su interpretación depende a menudo del contexto (Barba,
2009; Terán, 1982; Vallverdú, 2008).
Si contemplamos la arquitectura como una forma de expre-
sión cultural, como un producto de la abstracción humana,
notaremos que implica una gran carga simbólica “de tal
modo que estas construcciones se convierten por si solas
en la materialización de ciertas ideas, es decir, de símbo-
los. La expresión del hombre por medio de símbolos es una
13
Estructuras de planta circular prehispánicas en El Salvador
constante histórica y en este lenguaje de los símbolos la
arquitectura ocupa un lugar primordial. (Esteban, Borrás &
Zamora, 1996, p. 34).

culturas
Es preciso aclarar que se ha hecho referencia al significado
de esta forma geométrica para diferentes culturas y no para
una en específico, pues consideramos necesario abordar la
concepción de la figura circular por el ser humano en gene-
ral, sin importar la parte del mundo en que éste habitó o la
cultura a la que perteneció. Hablamos simplemente de la
percepción del círculo por la psiquis humana.
De acuerdo a la psicología analítica, el círculo o la esfera
es el símbolo del “si-mismo” (el principio y el fin de algo:
que inicia, muere y vuelve a comenzar; se refiere a un siste-
ma cíclico). Hay una implicación psicológica profunda en el
significado del círculo como perfección. Esta figura expresa
la totalidad de la psique en todos sus aspectos, incluida la
relación entre el ser humano y la naturaleza. El círculo y
la esfera se identifican con todo sistema cíclico (evolución,
involución, nacimiento, crecimiento, muerte, etc.), significan
totalidad (Cirlot, 2006; Jaffé, 1995).
Para muchas culturas, el año significa un círculo cerrado ya
que tiene un comienzo y un final, pero también tiene la par-
ticularidad de que puede renacer bajo la forma de un año
nuevo, con cada nuevo año viene un tiempo nuevo y puro.
Para otras culturas (sociedades chinas antiguas), el círculo
simbolizaba el cielo y la perfección, así como la eternidad. En
Egipto y toda la cuenca oriental del Mediterráneo, esta figura
tenía un significado solar, en cambio para los grupos paga-
nos de Europa tenía un significado mágico relacionado con la
luna. Para Pitágoras la forma esférica era el más hermoso de
los sólidos, y el círculo la más bella de las figuras planas. Para
Platón el círculo era la más bella de las figuras ya que repre-
sentaba las esferas concéntricas en las que evolucionaban
los planetas. En la India y Medio Oriente la representación del
círculo se expresa comúnmente en el arte visual de las imá-
genes religiosas que sirven como elementos de meditación
(Barba, 2009; Beigdeber, 1995; Eliade, 1998).
En las culturas antiguas americanas, como dan fe muchos
de los cronistas españoles (Motolinia, Torquemada, Gómara,
entre otros), se repite mucho la idea de circularidad aso-
ciada al viento que se arremolina en el cielo y a todos los
fenómenos naturales, anímicos y materiales. Al igual que en
otras culturas del resto del mundo, la forma circular también
se vincula a la idea del ciclo, reincidencia, totalidad y vida
(González, 2003; Pollock, 1936).
En la cosmogonía mexicana del postclásico, el círculo sig-
nificaba que el punto de partida era el mismo que el del
final de la jornada, simbolismo expresado a través de una
serpiente enrollada con la cola en la boca como símbolo de
lo infinito y la eternidad, que no tiene principio ni fin. En la
filosofía náhua, la superficie de la tierra es un gran disco que
se encuentra en el centro del universo, el disco se expande
como un anillo hacia los cuatro puntos cardinales y se pro-
longa hasta donde las aguas que lo rodean se juntan con el
cielo (Barba, 2009; González, 2003).
La arquitectura mesoamericana
Tratar de comprender por completo la arquitectura mesoa-
mericana prehispánica sería todo un reto ya que debemos
estar conscientes de la importancia que juega el universo
simbólico en la arquitectura, así como también, la influencia
de la relación simbiótica entre el ser humano y su entorno
natural, es decir, la geografía y los elementos ecobiológicos
de cada zona supeditan los recursos materiales con los que
se puede contar y que, al mismo tiempo, influyen en la crea-
tividad de los constructores.
Por otro lado, tenemos también el aspecto religioso, princi-
palmente si hablamos de un sistema teocrático, lo que signi-
fica, una sociedad cuya autoridad política son sus ministros
o líderes religiosos, situación que se va a ver reflejado en la
cultura material de la cual el espacio arquitectónico forma
parte (Godoy, 2011; Gussinyer & García, 1993).
La concepción del espacio para las culturas meso-
americanas
El estilo de construcción prehispánico presenta un concep-
to de espacio muy diferente a la perspectiva habitual. Lo
que hoy se conoce como espacio exterior o espacio a cielo
abierto fue para los pueblos mesoamericanos el espacio ar-
quitectónico más importante, su visión de lo habitable y del
lugar en el cual la mayoría de actividades se llevaban a cabo
iba más allá del edificio.
Dentro de la visión occidental de arquitectura, la fachada
es un límite entre el espacio interior y el exterior, funciona
como una barrera que regula la interacción entre dos univer-
sos, el interno y el externo. En cambio, la arquitectura me-
soamericana rompe con tales limitaciones que contraponen
los espacios abiertos y los cerrados; el espacio abierto fluye,
no puede dividirse por medio de cercas, muros o puertas,
el conjunto arquitectónico prehispánico incluye el paisaje
circundante, es toda una vivencia espacial donde montañas,
llanuras, accidentes topográficos y vegetación están siem-
14
Estructuras de planta circular prehispánicas en El Salvador
pre presentes acompañando e interactuando con la arqui-
tectura. Mangino (1990) llama a este diseño “de carácter or-
gánico”, lo que significa que estas ciudades se encontraban
integradas a la naturaleza de sus entornos, estableciendo
una armonía arquitectónica entre el medio ambiente que
les rodeaba y los elementos artificiales creados por el ser
humano (Godoy, 2011; Gussinyer, 2001; Wurster, 2001).
Las estructuras circulares en Mesoamérica
Las estructuras circulares existen en el área mesoamericana
desde el período preclásico, en torno a ello, Barba (2009) co-
menta que diversos estudiosos se han ocupado de investi-
gar si hay en realidad un grupo cultural al cual adjudicarle la
autoría de dicha tradición arquitectónica. Muchos plantean
que las estructuras de planta circular fueron introducidas a
las Tierras Bajas Mayas por inmigrantes Toltecas dentro de
lo que se conoce como “paquete de influencias mexicanas”.
Sin embargo, los ejemplares del Preclásico Medio y Preclá-
sico Tardío localizados hasta ahora en la región de Tierras
Bajas Mayas, le restan validez a dicho planteamiento.
Otros autores, como W. Krickeberg, apuntan a los Tuxtlas
como creadores de este tipo de arquitectura; por otro lado
se encuentran Paul Gendrop y G. Ekholm, quienes señalan
sus inicios en la región Huasteca. Sin embargo, las eviden-
cias más antiguas de construcciones circulares registradas
hasta el momento, se remontan al 1000 a.C. y aparecen en
tres regiones específicas: la Costa del Golfo (Sitio La Ven-
ta), en el Occidente de México (sitios Guachimontones, El
Arenal, San Felipe y El Campanillo), y en el sector B de Cui-
cuilco. En este sentido, la evidencia arqueológica enmarca
al grupo olmeca, en específico al asentamiento de La Venta
en Tabasco, como entre los primeros en utilizar este tipo de
diseño en su arquitectura a inicios del preclásico (1200 a.C.)
(Barba, 2009).
Partiendo de los ejemplos más antiguos de estructuras circu-
lares conocidas, Barba (2009) sugiere que la arquitectura cir-
cular, por lo menos en sus inicios, puede ser vista como una
idea que trasciende fronteras, como un concepto con uno o
varios orígenes y que, con el paso del tiempo se fue transfor-
mando y adaptando, aunque no como una tradición creada
por un grupo cultural específico en una época específica y
que luego fue difundido. Recordemos que en la historia de
la humanidad se han observado semejanzas que no necesa-
riamente han involucrado contacto entre culturas, diferentes
sociedades y civilizaciones pueden percibir fenómenos natu-
rales de diversa índole otorgándoles explicaciones análogas.
Hay que tener presente que los símbolos y la cultura material
son producto de las abstracciones mentales de grupos so-
ciales, los cuales se encuentran influenciados por diversos
factores como la geografía, la economía, la política y otros
aspectos de cada época específica (Barba, 2009).
Es bastante probable que las estructuras circulares surgie-
ran, en un principio, como veneración e imitación de la na-
turaleza, ya que para mediados y finales del preclásico se
logra observar una inclinación en la relación de este tipo de
estructuras con el aspecto ceremonial y monumental (Bar-
ba, 2009). Recordemos que la naturaleza fue en Mesoamé-
rica objeto de devoción por lo que sus representaciones en
la cultura material fueron un factor de gran importancia al
momento de diseñar. Es muy probable que las estructuras
circulares formaran parte importante de los primeros cen-
tros urbanos como una imitación que el ser humano hizo de
su entorno, principalmente relacionando elementos básicos
e importantes de la naturaleza, como lo serían los volcanes
y montañas, o es probable que estuvieran ligadas hacia un
culto relacionado con el fuego y/o la fertilidad (Barba, 2009).
Susan Evans (2008) explica que muchos de los poderosos
fenómenos naturales que inspiraron las creencias mesoa-
mericanas pudieron llevar a dichas culturas a desarrollar al-
gunas deidades a partir de elementos geofísicos y meteoro-
lógicos, por ejemplo, la fuerza de algunos espíritus sagrados
y poderosos podía fácilmente habitar dentro de los volcanes
activos, por lo que no es de extrañarse que las representa-
ciones de éstos se vieran reflejadas a través de las estruc-
turas piramidales.
En el período clásico, las construcciones circulares se ex-
pandieron a lo largo del territorio mesoamericano, su uso
fue más generalizado y diverso (doméstico y ritual), al igual
que su tamaño (Morales, 1993). El aumento de estas edi-
ficaciones, probablemente, se debió a la dinámica política,
económica y social característica de este período, lo que
permitió un desarrollo regional basado en el intercambio,
tanto de bienes de consumo cotidiano y suntuario, así como
pautas ideológicas de tipo tecnológico, político y religioso
(Barba, 2009).
Para el postclásico, la arquitectura circular observa una fuer-
te disminución en su construcción así como cambios en su
forma y composición, efectos que se vislumbraban desde el
período anterior y que se materializan durante esta época.
La mayoría de estas estructuras vuelven a estar asociadas
a una gran carga ritual que va de la mano con la transfor-
mación de la planta circular a la de tipo compuesto o mix-
ta, es decir, la combinación de estructuras circulares con
rectangulares o cuadradas; este tipo de planta, de acuerdo
15
Estructuras de planta circular prehispánicas en El Salvador
a Barba (2009), podría estar relacionada con el culto a la
deidad Ehecatl-Quetzalcoatl, sin embargo, cabe destacar la
presencia y recuperación de elementos relacionados con
otras deidades como Huehueteotl.
Deidades mesoamericanas asociadas a la arqui-
tectura circular
a) Xiuhtecuhtli-Huehueteotl: deidad del fuego, uno de los
primeros elementos en ser divinizado, su culto y vene-
ración tuvo gran importancia, por lo menos a partir de
la última etapa del período preclásico. En otras áreas se
le conoció con el nombre de Ixocozauhqui (el de rostro
amarillo), Curicaueri y, en tiempos posteriores, se le llamó
Huehuetéotl, que significa el dios viejo (Fernández, 2006;
León-Portilla, 2004).
Las estructuras circulares relacionadas a esta deidad las po-
demos encontrar en Cuicuilco, Tzintzúntzan, Guachimon-
tones y algunos lugares en Jalisco y Nayarit (Beekman,
2008; Pohl, 2011).
b) Quetzalcoatl: una de las figuras más polifacéticas de las
religiones mesoamericanas, no es sólo el nombre del
más famoso rey-sacerdote tolteca, sino también el de
una deidad de gran importancia entre los toltecas, azte-
cas-mexicas y mayas. De acuerdo a Sodi y Aceves (2002)
y Piña Chan y Dahlgren (1987), la religión y culto a Quet-
zalcoatl se originó en Xochicalco, Morelos cerca del año
700 D.C. y tuvo su comienzo en la vieja deidad del agua,
la serpiente-nube de lluvia.
No en todos los lugares Quetzalcoatl tuvo las mismas
asociaciones, en Teotihuacán la deidad estuvo más incli-
nada a la unión del agua de lluvia con el agua terrestre;
mientras que entre los mexicas, los atributos y caracte-
rísticas de la deidad estaban relacionados con el viento
y la lluvia; en cambio los toltecas, adoptaron el culto de
Quetzalcoatl en asociación con Tlahuizcalpantecuhtli o
lucero de la mañana (Solanilla, 1996).
b.1) Quetzalcoatl- Ehecatl: Quetzalcoatl como Ehecate-
cuhtli alude al viento que barre los caminos de los
dioses de la lluvia y recorría los cuatro rumbos del
cosmos. Los cronistas españoles cuentan que la
mayoría de templos dedicados a Quetzacoatl-ehe-
catl eran de planta circular para permitir que el aire,
convertido en viento, pudiera circular dentro de los
edificios y no chocar contra los ángulos de la pared
(Arellano, 1987; Barba, 2009; Florescano, 1995).
Función y distribución de las estructuras circula-
res en Mesoamérica
De acuerdo a Smith (1992), las fuentes etnográficas y etnohis-
tóricas, así como algunos mayistas y mesoamericanistas, pro-
ponen cuatro posibilidades de uso para las estructuras circu-
lares: templos, viviendas, temascales y almacenes o graneros.
Por otro lado, Powis, Hohmann, Awe y Healy (1996), sugie-
ren que las estructuras de planta circular también pudieron
funcionar como observatorios astronómicos, plataformas
adosadas, edificios públicos o recintos ceremoniales. En
cambio, Morales (1993) sostiene que, debido a su forma tan
particular, aparte de las funciones mencionadas anterior-
mente, también pudieron servir como hornos, depósitos de
agua, altares y puntos de referencia.
Pollock, en su interesante investigación publicada en 1936,
menciona que casi todas las estructuras circulares de Me-
soamérica fueron altares de algún tipo o templos públicos.
Mientras que la coexistencia de muchas estructuras de
planta circular con los complejos de conmemoración astro-
nómica y patios para el juego de pelota en distintos centros
ceremoniales, sugiere la posibilidad de haber sido utilizadas
durante la celebración de ritos especiales a los que proba-
blemente asistía un público relativamente numeroso (Po-
llock, 1936).
Para el área maya, Quintal, Sierra, Vargas y Huchim (1999)
aseguran que las construcciones circulares pueden haber
tenido las funciones de semilleros, cocinas adosadas, pe-
queños talleres, corrales, almacenes o graneros rurales, ha-
bitaciones temporales, hornos de alfarero, y colmenas.
Ciertamente, el uso y función de las estructuras circulares
en Mesoamérica estuvo directamente relacionado con el lu-
gar en el que se construyeron y con el grupo cultural que se
encargó de hacerlo. Arqueológicamente, la función de este
tipo de estructuras va a estar determinada por: el material in
situ asociado a la estructura, otras estructuras relacionadas,
y el tamaño y orientación de la estructura en cuestión. In-
dudablemente, las variaciones que este tipo de estructuras
presenten en cuanto a su tamaño, detalles arquitectónicos,
localización y orientación van a depender de la importancia
y funcionalidad que se les dio en su época (Morales, 1993).
Dentro de las estructuras circulares hubo gran número de
variaciones, inclusive hasta de forma ya que no todas ellas
eran estrictamente circulares, las hubo en forma de herra-
dura, absidal, elíptica y compuesta. Es por estas variaciones
que diferentes autores han propuesto varias tipologías (ver
tabla 1) de acuerdo a diferentes criterios, entre ellos: las zo-